Cuando pasas cerca del abismo.

Ha llegado a mis oídos otro intento de suicidio.

Y me acuerdo de una conversación que tuve hace unos meses, por otro hombre que se había suicidado dejando a una familia atrás.

Dicha conversación fue la siguiente:

– ¿te has enterado del hombre que…?

– Sí.

– ¿Qué opinas? ¿No crees que es un cobarde?

En ese momento lo que se me venía a la mente y lo que sentí fue decirle que no, que no me parece un cobarde. Tampoco valiente, ojo. Me parece desesperado. Sólo. Desamparado. Escribo desde mi propia experiencia que, por suerte o por desgracia, no es poca. Como publiqué en la entrada anterior cada persona es un mundo. No nos pueden ni deben tratar bajo el mismo sesgo a todxs. No de forma objetiva. De-presión. Si es que la misma palabra lo dice… Si vives bajo mucha presión durante demasiado tiempo… Ya sea del trabajo, intra personal, de cara a los demás. Al que dirán, porque no puedes hablar de estos temas o te llamarán loca. A callar, a “no montar numeritos” cuando no los monto. Cuando callo y sufro en silencio. Cuando sólo el papel es el que me entiende, el que me acoge. Ese fiel compañero.

Cuando esos pensamientos vienen a mi mente y no los quiero… Y pido ayuda tanto a la psicóloga como a la psiquiatra de la SS y se me quedan mirando. ¡SE ME QUEDAN MIRANDO! SI ESTOY PIDIENDO AYUDA ES PORQUE NO DOY MÁS DE MI, NO SÉ QUÉ HACER Y LA ÚNICA SALIDA QUE VEO ES DEJAR DE VIVIR. Pero no, me tengo que enterar por un puto informe que leo, no me lo expliquéis vosotras, no vayáis a quebrar. En dicha valoración aparece, entre otras cosas, “fobias de impulsión”. Miedo me da buscar en Internet. Al final, el saber me termina seduciendo. Es miedo a llevar a cabo los pensamientos autolesivos (de peli de terror) que tengo. Porque no quiero hacerlo, no puedo hacer eso a mi familia. Pero me desgarra por dentro, me desborda… Me consume. Te hace llegar al límite. No es que quiera morir. Es complicado de explicar. Lo que quiero es dejar de sufrir, dejar de vivir esta mierda.

Al final he terminado abriendome a nuevas personas que tienen, digamos, más apertura de mente. Recuerdo que me dijo, esta chica que está terminando la carrera de Psicología: Si tu motivación es visibilizar estos temas desde la experiencia, ¿por qué no se lo cuentas a tu madre que parece que te empatiza más contigo?

Reconozco que me puso en un aprieto. Me voy a cargar a mi madre… Como si no tuviera ya suficiente. No obstante, me senté con ella y le expliqué el término de fobias de impulsión (que siempre he pensado que es un TOC) que no quiero llevarlos a cabo pero me desespero en mi soledad. Me dijo literalmente: llamame cuando te pase eso. Estoy harta de decirte que cuentes conmigo. Me emocionó. Y lo mejor… No he vuelto a tener esos pensamientos. Ni siquiera antes de ponerme con la regla que es cuando la ansiedad pega con ganas.

De nuevo se abren nuevas puertas en mi vida. A ver cómo va el 23, que tengo cita con psicóloga experta en otros temas que me han llevado a esta situación. Si el futuro no ilusiona… Es que estás en el presente equivocado. Cambiemos ese presente, ¿no? Salgámonos del camino recto y cojamos desvíos… Quién sabe lo que nos puedan de (re) parar.

Ele.

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